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Autoras japonesas: leer Japón desde otra lente

Cuando se recomiendan autoras japonesas, muchas veces aparecen los mismos nombres juntos: Sayaka Murata, Mieko Kawakami, Yōko Ogawa, Banana Yoshimoto o Yū Miri. Está bien, porque son buenas maneras de introducirse. El problema es que, al verlas siempre en el mismo grupo, puede parecer que escriben libros parecidos. Y no es así.

Una autora puede hablar de trabajo y presión social. Otra, del cuerpo, la maternidad y la clase social. Otra, del duelo, la juventud y las formas de seguir adelante. Otra puede irse hacia historias raras,incómodas o difíciles de colocar en un género claro. También hay familia, ciudad, pobreza, deseo, soledad, rutina y personajes que no encajan en el papel que otros esperan de ellos. Por eso, más que hablar de “autoras japonesas” como si fuera una etiqueta cerrada, tiene más sentido entrar por libros concretos y por temas. Así es mucho más fácil encontrar una autora que realmente encaje con lo que te apetece leer.

No son un género aparte

“Autoras japonesas” sirve como búsqueda, pero no como género. Sayaka Murata no escribe como Banana Yoshimoto. Yōko Ogawa no tiene el mismo tono que Mieko Kawakami. Hiromi Kawakami no va por el mismo sitio que Yū Miri. Y una autora de la era Heian (794-1185) no se lee igual que una escritora contemporánea.

Esto parece obvio, pero conviene decirlo. Si lees una autora japonesa y no conectas, no significa que las autoras japonesas no sean para ti. Quizá ese libro no era el tuyo. Quizá buscabas algo más tranquilo y entraste en una novela incómoda. Quizá otra escritora te encaja mucho mejor.

Por eso ayuda pensar antes en temas: trabajo, cuerpo, familia, ciudad, maternidad, presión social, violencia, soledad, vida cotidiana o algo raro que no entra fácilmente en una categoría.

Sayaka Murata: normalidad, trabajo y presión social

Sayaka Murata puede ser una buena entrada si te apetece algo contemporáneo, raro y bastante directo. Sus libros suelen girar alrededor de personas que no encajan en lo que los demás llaman normal.

En «La dependienta», la protagonista trabaja en un konbini, una tienda de conveniencia japonesa. Para ella no es solo un trabajo. Es un lugar con normas claras, horarios, rutinas y una forma de estar en el mundo que le funciona. Para los demás, en cambio, eso no basta. Debería avanzar, cambiar, tener pareja, parecer más adulta y llevar una vida más reconocible.

Murata muestra muy bien cómo se juzga a quien no sigue el camino esperado. Trabajo, pareja, familia, futuro: todo parece tener unas instrucciones no escritas. Cuando alguien no las sigue, incomoda. El contexto es japonés, pero la presión por funcionar de una manera “normal” se entiende enseguida.

Mieko Kawakami: cuerpo, maternidad y expectativas

Mieko Kawakami entra por otro lado. En sus libros aparecen mucho el cuerpo, la maternidad, la clase social, el deseo, el dinero y la sensación de que otras personas siempre tienen algo que decir sobre la vida de una mujer.

Kawakami no trata la maternidad como una idea bonita y cerrada. La trabaja desde las dudas, la presión, la vergüenza, el dinero, la edad, la familia y la mirada de los demás. Qué cuerpo se considera aceptable, qué pasa si una mujer no quiere ser madre, qué pasa si quiere serlo de otra manera, quién decide qué vida es correcta.

No hace falta leerla desde una teoría complicada. Sus novelas funcionan porque esas preguntas aparecen en conversaciones, relaciones, problemas económicos, escenas familiares y decisiones muy concretas.

Banana Yoshimoto: duelo, juventud y seguir adelante

Banana Yoshimoto suele ser una entrada más accesible a la literatura japonesa contemporánea. Sus libros se leen bien y no piden llegar con mucho contexto previo. Eso no significa que sean simples.

En «Kitchen» y en otros textos aparecen el duelo, la juventud, las familias poco convencionales, la comida, la amistad, el amor y las formas de seguir adelante después de una pérdida. El tono suele ser cercano, pero los temas tienen peso: soledad, afectos, personas que se cuidan como pueden y vidas que intentan
recomponerse.

Puede funcionar muy bien si quieres empezar con una autora contemporánea sin ir directamente a un
libro demasiado duro o denso

Yōko Ogawa: historias raras sin hacer ruido

Yōko Ogawa puede parecer tranquila al principio, pero muchas de sus historias se van torciendo poco a poco. No siempre necesita una gran escena ni un giro enorme. A veces basta una relación, un espacio, una memoria, una regla o un cuerpo para que la novela empiece a sentirse extraña.

Puede interesar a quien quiere algo inquietante, pero no necesariamente terror directo. Ogawa trabajamuy bien esa sensación de que algo no está del todo bien, aunque el texto no lo subraye demasiado.

Es una buena opción si quieres salir de la novela más convencional sin irte a una fantasía ruidosa o a un thriller clásico

Yū Miri: pobreza, exclusión y memoria

Yū Miri va hacia una zona más dura. Sus libros tratan la exclusión, la pobreza, la memoria, el desarraigo, la pérdida y a personas que no suelen aparecer en la imagen más cómoda de Japón.

No es una lectura amable, y precisamente por eso importa. Japón se vende muchas veces desde la estética, la cultura pop, el orden o las grandes ciudades. Yū Miri muestra otras realidades: vidas precarias, márgenes sociales, familias rotas, pertenencia difícil y personas que no encuentran un lugar sencillo.

Quizá no sea la primera autora para quien busca algo ligero, pero sí una opción muy potente para
lectores que quieren literatura social, más áspera y menos complaciente

También hay clásicas y modernas que recuperar

La literatura japonesa escrita por mujeres no empieza ahora. Las grandes autoras de la era Heian (794-1185), sobre todo Murasaki Shikibu y Sei Shōnagon, forman parte central de la historia literaria japonesa. Desde fuera pueden imponer, porque hablamos de corte, diarios, cartas, poemas y un mundo muy distinto al nuestro.

No hace falta empezar por ahí. Pero conviene saber que esos textos no son solo “cultura general”. Hay observación social, humor, rivalidad, deseo, aburrimiento, estatus y una forma muy precisa de mirar a otras personas.

Más adelante, en la era Meiji (1868-1912), Ichiyō Higuchi escribió sobre pobreza, deseo y las pocas opciones reales de muchas mujeres. En el siglo XX aparecen autoras como Fumiko Enchi, Hayashi Fumiko, Uno Chiyo o Kōda Aya. No hay que convertirlas en deberes, pero sí saber que el mapa es bastante más amplio que los nombres de moda.

Por dónde empezar

Si quieres algo contemporáneo, Sayaka Murata puede ser una buena entrada. Si te interesan el cuerpo, la maternidad y la presión social, Mieko Kawakami tiene mucho recorrido. Si buscas algo accesible sobre duelo, juventud y afectos, Banana Yoshimoto suele funcionar bien. Si quieres algo más inquietante y extraño, Yōko Ogawa puede encajar. Si te apetece una lectura más dura y social, Yū Miri abre otro camino.

Para ir hacia atrás, puedes acercarte más adelante a Murasaki Shikibu, Sei Shōnagon, Ichiyō Higuchi, Fumiko Enchi, Hayashi Fumiko, Uno Chiyo o Kōda Aya. No hace falta leerlo todo ni empezar por lo más importante. Un tema o una autora que te dé curiosidad ya es suficiente.

Leer autoras japonesas no va de buscar una única voz femenina. Va de leer libros muy distintos escritos desde Japón o desde una experiencia japonesa. Algunos son accesibles, otros incómodos, otros raros, otros duros. Esa variedad es precisamente lo que permite encontrar una entrada propia.

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