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¿Qué es el neko bungaku? La literatura japonesa en la que los gatos ocupan el centro del relato

En muchos países hay libros con gatos. Japón, además, tiene una forma bastante precisa de nombrar ese territorio literario: neko bungaku (猫文学), literalmente, “literatura de gatos”.

No se trata de una etiqueta simpática ni de una moda reciente, sino de una manera de leer ciertos textos en los que los gatos no aparecen solo como un detalle de fondo. En estas obras, su presencia tiene peso narrativo: observan, acompañan, desplazan la mirada del lector o se convierten en una figura clave dentro de la historia.

Eso es lo que hace interesante el neko bungaku. No habla simplemente de libros “con gatos”, sino de una tradición literaria en la que los gatos ocupan un lugar central y ayudan a definir el tono, la perspectiva o incluso el sentido del relato.

Si te interesan Japón y los gatos, este cruce es especialmente bonito. Y si además te gusta la literatura japonesa, todavía más. Porque aquí los gatos no están puestos para adornar, sino para mirar, para estar y para contar de otra manera.

Un término que suena ligero, pero se toma muy en serio

El concepto de neko bungaku aparece en ensayos, antologías y textos sobre literatura japonesa cuando se habla de obras en las que los gatos tienen un papel importante. A veces se trata de novelas clásicas, otras de relatos contemporáneos, y en ocasiones también de textos algo más raros o difíciles de clasificar.

No es una categoría oficial de librería. No vas a encontrar necesariamente una balda con ese nombre. Es más bien una forma de agrupar ciertas obras que comparten una sensibilidad. Lo importante no es que aparezca un gato en algún momento, sino que ese gato:

  • sea narrador o figura central,
  • funcione como espejo de emociones humanas,
  • o marque esa frontera tan sugerente entre lo cotidiano y lo extraño.

Visto así, el neko bungaku dibuja una línea bastante amplia, desde finales del siglo XIX hasta hoy, y muestra hasta qué punto los gatos están presentes en la imaginación literaria japonesa.

En el neko bungaku, los gatos no son solo personajes. También son narradores, testigos, espejos y presencias que desplazan la mirada del relato.

Natsume Sōseki y el gran clásico: Soy un gato

Casi cualquier recorrido por el neko bungaku empieza con Natsume Sōseki y su célebre Wagahai wa neko de aru, conocido en español como Soy un gato. Publicado entre 1905 y 1906, sigue siendo uno de los grandes clásicos de la literatura japonesa moderna.

La voz narradora es la de un gato doméstico sin nombre, acogido más por costumbre que por entusiasmo en casa de un profesor. Desde ese rincón de la casa, observa a la familia, a sus visitas, a sus amigos y a todo ese pequeño mundo intelectual que gira a su alrededor.

El gato se tumba sobre armarios, se desliza bajo las mesas, escucha conversaciones y contempla con bastante ironía lo que hacen los humanos. Y ahí está una de las claves del libro: su voz. Habla con un tono deliberadamente solemne y un punto pomposo, lo que hace que sus comentarios resulten todavía más afilados.

En esta novela ya aparecen varios ingredientes fundamentales del neko bungaku:

  • un narrador no humano,
  • una mirada irónica sobre la sociedad,
  • y un gato que, desde la periferia, entiende cosas que los personajes no terminan de ver.

Quien quiera acercarse a la literatura japonesa de gatos difícilmente puede encontrar un mejor punto de partida.

Uchida Hyakken y el nacimiento de una “literatura de gatos”

Otro nombre importante es Uchida Hyakken, discípulo de Sōseki y autor de una prosa muy particular, en la que se mezclan la vida cotidiana, la rareza, el recuerdo y un cierto humor seco. En muchos de sus textos aparecen gatos, a veces de forma discreta, otras con más presencia.

Diversos estudios lo consideran uno de los autores clave de esta tradición. No solo por la frecuencia con la que los gatos aparecen en su obra, sino también por la manera en que se integran en su universo literario.

En Hyakken, los gatos suelen ir acompañados de una sensación leve de extrañeza. Forman parte del entorno doméstico, pero nunca del todo. Están cerca de los personajes y, al mismo tiempo, parecen un poco fuera de su mundo. Esa distancia sutil encaja muy bien con una de las características más interesantes del neko bungaku: los gatos no interrumpen necesariamente la realidad, pero sí la desplazan.

Voces contemporáneas: Hiraide, Arikawa y Murakami

El neko bungaku no es solo una cuestión de clásicos. En las últimas décadas han aparecido libros que continúan esa línea y muestran que la presencia de los gatos en la literatura japonesa sigue muy viva.

La gata visitante de Takashi Hiraide

En The Guest Cat, de Takashi Hiraide, una pareja que vive en Tokio empieza a recibir la visita de una gata del vecindario. No es suya. No la adoptan del todo. Simplemente aparece, entra, sale, se queda un rato y luego desaparece.

Eso, que sobre el papel parece poca cosa, es precisamente lo que hace especial la novela. Hiraide trabaja con desplazamientos mínimos. La presencia de la gata altera pequeñas rutinas, cambia silencios, introduce otra temperatura en la casa y en la relación de la pareja.

Se colocan cuencos de comida, ventanas y puertas empiezan a quedar de otra manera, la atención se dirige a lugares donde antes no se detenía. La gata no resuelve nada ni viene a protagonizar un gran giro narrativo. Pero sí hace visible que algo se está moviendo.

Y ahí se ve muy bien una idea central del neko bungaku: a veces el gato no empuja la historia desde el ruido, sino desde la presencia.

Viajar con Nana: Hiro Arikawa y The Travelling Cat Chronicles

En The Travelling Cat Chronicles, de Hiro Arikawa, la gata Nana acompaña a su humano, Satoru, en un viaje por Japón. A primera vista, puede parecer una novela amable de carretera, de encuentros y recuerdos. Pero poco a poco va revelando una capa mucho más profunda.

Nana no está ahí como simple compañía. Su voz y su mirada sostienen buena parte del libro. Observa a los humanos con afecto, sí, pero también con cierta ironía y con una claridad que a veces ellos mismos no tienen sobre su propia situación.

Lo que parecía un viaje se convierte poco a poco en una historia sobre la amistad, el cuidado, la memoria y la despedida. Y precisamente por eso funciona tan bien dentro de esta tradición: porque el gato no es un adorno tierno, sino una verdadera forma de mirar el relato.

Murakami y sus gatos enigmáticos

En los libros de Haruki Murakami, los gatos aparecen una y otra vez. No siempre ocupan el primer plano, pero rara vez están ahí porque sí.

En su caso, suelen señalar zonas de paso:

  • entre distintas realidades,
  • entre lo consciente y lo inconsciente,
  • entre la calma y la inquietud.

A veces un gato desaparece y eso pone algo en marcha. Otras veces aparece como una señal de que el mundo que parecía estable ya no lo es tanto. En Murakami, el gato no suele explicarse. Y quizá por eso funciona tan bien. Está, se va, reaparece, mira. Y con eso basta para alterar el clima de una escena.

¿Qué hace que un texto sea neko bungaku?

No toda novela con un gato puede considerarse automáticamente neko bungaku. El término suele tener sentido cuando coinciden varios rasgos.

El gato ocupa una posición central

Ya sea como narrador, como presencia constante o como figura alrededor de la cual gira la percepción del relato, el gato tiene un peso real. Si lo quitas y la historia sigue funcionando igual, probablemente no estamos ante un caso claro de neko bungaku.

En estos libros, el gato sostiene algo importante: la voz, la atmósfera, el punto de vista o el centro emocional de la obra.

Nahaufnahme einer Maneki-neko-Statue, einer japanischen winkenden Katze, mit weiteren Figuren unscharf im Hintergrund.
Maneki-neko, el famoso gato que saluda con la pata: un objeto muy cotidiano en Japón y, al mismo tiempo, todo un símbolo de buena suerte.

El gato actúa como espejo de emociones humanas

En muchas de estas historias, los gatos aparecen ligados a momentos de cambio:

  • mudanzas,
  • nuevos vínculos,
  • separaciones,
  • pérdidas,
  • o pequeños desplazamientos en la vida cotidiana.

En The Guest Cat, la relación con la gata visitante hace visible la fragilidad del equilibrio doméstico. En The Travelling Cat Chronicles, la presencia de Nana deja asomar emociones que tardan mucho en decirse de forma abierta.

El gato no “arregla” esas situaciones, pero sí ayuda a revelarlas.

Por qué el neko bungaku es importante para la Nekolección

Para nosotros, en Makoto, el neko bungaku no es solo una categoría bonita. Es una forma de entender una parte muy especial de la literatura japonesa.

Por eso está tan presente en nuestra Nekolección, la colección de Makoto en los que los gatos ocupan un lugar central, ya sea en la ficción, en el imaginario cultural o en la mirada sobre Japón. Nos interesan los libros en los que los gatos no son un detalle simpático, sino verdaderos ejes narrativos. Libros que enlazan los clásicos con la literatura actual y que muestran cómo una figura aparentemente pequeña puede sostener una forma muy particular de contar.

También nos interesa porque conecta con algo muy Makoto: esa mirada hacia Japón que pasa por lo cotidiano, por lo sensible y por lo que a veces parece pequeño, pero en realidad dice muchísimo.

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